Por Álex Merino
La agencia calificadora Moody’s Ratings ha ajustado a la baja la calificación crediticia soberana de México, reduciéndola de Baa2 a Baa3, lo que sitúa al país en el último escalón dentro de la categoría de grado de inversión. Paralelamente, la firma modificó la perspectiva de la nota de negativa a estable, una combinación que refleja que, si bien el escenario base no prevé un deterioro inmediato adicional, el margen de maniobra fiscal de la economía mexicana se ha reducido al mínimo estructural.
Este ajuste responde de forma unívoca al debilitamiento sostenido de la solidez fiscal del país, un proceso acelerado por la persistente rigidez del gasto público y una base de ingresos tributarios estructuralmente limitada. De acuerdo con las métricas de la agencia, la persistencia de un déficit fiscal cercano al 5% del Producto Interno Bruto (PIB) restringe de manera severa la capacidad del Gobierno federal para estabilizar la trayectoria de la deuda pública, la cual se proyecta al alza hacia niveles del 55% del PIB para el año 2027.
El respaldo financiero continuo e incondicional hacia Petróleos Mexicanos (Pemex) se mantiene como uno de los principales catalizadores del riesgo soberano. La absorción de los pasivos y las transferencias de capital destinadas a sostener el modelo de soberanía energética estatal han erosionado los colchones fiscales, limitando los esfuerzos de consolidación de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) en un entorno de desaceleración productiva.
En el ámbito macroeconómico, las proyecciones de crecimiento para el país han sufrido una revisión a la baja, estimándose una expansión del PIB inferior al 1% para el cierre de este año y de un 1.3% para 2027. Este magro desempeño económico se ve agravado por factores estructurales bien delimitados por los mercados internacionales, tales como los cuellos de botella en el suministro de energía y agua, la persistente informalidad laboral y la incertidumbre asociada a la próxima revisión del tratado comercial de América del Norte.
Las implicaciones mecánicas de ubicarse en el nivel Baa3 —homólogo al BBB- de las agencias Fitch y S&P— inciden directamente en el coste del capital. Al aproximarse al umbral del grado especulativo, comúnmente denominado «bono basura», la prima de riesgo exigida por los inversores internacionales tiende a incrementarse. Esto se traduce en un encarecimiento de las tasas de interés para las nuevas emisiones de deuda pública y privada en los mercados internacionales de capitales.
Un descenso adicional hacia la categoría Ba1 desencadenaría la activación de cláusulas de salvaguarda en los mandatos de inversión de los grandes fondos de pensiones y carteras institucionales globales. Estos fondos tienen prohibido por regulación estatutaria mantener activos que no posean el grado de inversión por parte de al menos dos agencias de prestigio, lo que provocaría una venta masiva y automatizada de bonos soberanos mexicanos, presionando al alza los rendimientos y estresando el tipo de cambio.
No obstante, la asignación de la perspectiva estable mitiga el riesgo de una degradación inmediata en el corto plazo. Moody’s fundamenta este componente en la resiliencia de las variables macroestructurales subyacentes, la autonomía de la política monetaria conducida por el Banco de México y los flujos comerciales derivados de la relocalización de cadenas productivas, factores que actúan como contrapesos frente a las presiones de las finanzas públicas.
A.M.




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